junio 7, 2006
Aceptar el presente
Siempre me costó no transportarme hacia el futuro. Pensar en la posibilidad de visualizar cómo sería mi vida en base a alguna de las decisiones que debo tomar o tomé en el pasado.
Conocer que será de mí en 20 años, al menos de reojo, para quitarme la ansiedad que me invade de controlarlo todo.
Una persona me dijo recientemente que eso no es nada bueno, incluso es perjudicial. Que si vivo en el futuro no disfruto el presente y termino siendo igual de infelíz que aquel que vive anclado en el pasado, añorándolo, reviviéndolo y exaltándolo cada vez más a medida que se aleja.
Ayer estaba leyendo uno de los cuentos del libro de Asimov que compré el fin de semana (no recuerdo el nombre del cuento, pero ahora me fijo y lo coloco aquí). En ese relato el autor hace referencia a unos científicos que por medio de una técnica pueden construir una máquina que es capaz de "ver el pasado" (argumento similar al que luego utilizaría Clarke en "Luz de otros tiempos").
El principal impulsor de su construcción termina comprendiendo el por qué de la negativa gubernamental a constuirla: primero las personas observarían el pasado, pero luego preferirían conocer el presente e invadirían las vidas de otros seres, eliminando así cualquier rastro de privacidad y reduciendo la vida a una serie de hechos que pueden ser vistos y juzgados por todos.
De todas formas aún, si alguna fuerza superior me ofreciera la posibilidad de ver en el futuro tan solo 10 segundos, aceptaría, sin dudarlo.